10 conclusiones tras los cuartos de final de la Champions
1. Madrid, capital del fútbol
“La Bombonera no vibra, late”, dicen
los hinchas de Boca y también los turistas que tienen la suerte de
visitar el mítico estadio bonaerense en tardes de partido. Tras esta jornada de Champions, Madrid se ha vestido de Buenos Aires, y la capital ha latido con el fútbol.
Primero el Bernabéu, usualmente un estadio más bien frío, se disfrazó
de infierno y quemó al Wolfsburgo, que no pudo con la presión de los
ochenta mil que llegaron a Chamartín y que empujaron a su equipo a
lograr una remontada épica. Y ayer el Calderón fue una fiesta, una olla a
presión, un solo grito que remeció las aguas del Manzanares. El
Atlético se alimentó del aliento y la afición se alimentó de la
intensidad de sus jugadores: una ecuación perfecta que terminó en
orgasmo deportivo. Madrid, con sus dos equipos de élite, se ha convertido en la capital del fútbol europeo.
2. Cuando la intensidad supera al talento
Ayer quedó claro que si el Barça se
hubiera enfrentado a once jugadores en el Camp Nou, otra hubiera sido la
historia. Porque el Atlético planteó exactamente el mismo partido y,
hasta que se fue Torres, estaba consiguiendo lo mismo que logró anoche. Ni todo el talento del mundo –que es el que tiene el Barcelona- pudo con la intensidad y la concentración de los del Cholo. Y si se hubiera jugado un tercer partido, habría acabado igual: se trató de una cuestión de mentalidad, de convencimiento, de ilusión.
Se veía en los ojos de los jugadores, en su manera de correr y en la
emoción desbordada de la afición colchonera: demasiada intensidad para
un equipo frío, que sólo encendió los motores cuando ya era muy tarde. Si el fútbol es de momentos, quizás el Atlético se haya convertido en el gran favorito a llevarse su primera Champions.
3. El Barça, sin variantes
Cuando las soluciones habituales no
funcionan, se tiene que recurrir a variantes. Mirar el fútbol con otros
ojos, desde otras perspectivas. A veces es suficiente con una
sustitución, o a veces con un planteamiento distinto. Como cuando
Guardiola colocó a Messi de falso nueve, a pesar de que rendía de
maravillas por la derecha. O como cuando Mourinho decidió poner a Eto’o
de alero en su Inter que levantó la Champions.Luis Enrique, sin
embargo, apostó por no realizar cambios significativos a pesar de que el
Barça venía demostrando una monotonía exasperante en los últimos
partidos. Si el peso ofensivo recae más en Jordi Alba y en Dani
Alves en lugar de Iniesta o cualquiera de los de arriba, es que algo se
está haciendo mal. Quizás el Barça haya pagado demasiado cara su terquedad:
una de las claves del fútbol –y de la vida- es la sorpresa, tomar
decisiones que nadie se imagina. Ayer, Luis Enrique fue tan predecible
que mereció irse así, sin pena ni gloria.
4. La mística blanca
El Madrid es el equipo más grande de la
historia de la Copa de Europa, luego llamada Champions League. Eso es
algo que hay que tener en cuenta incluso cuando el presente no es el
mejor o cuando la institución no está demasiado en orden. Y volvió a
quedar claro el martes por la noche, en una remontada épica que
nació en la semana previa, con la afición y los medios remando para el
mismo lado, y que terminó de formarse en el Bernabéu, con ochenta mil
personas que fueron un puño. El Madrid tiró de su historia, del peso de su camiseta y de las inmensas noches europeas que a este club le sobran.
5. Cristiano y diez más
Si bien el Madrid goleó, remontó y pasó
a semifinales, el juego de los de Zidane no quedará para el recuerdo.
Simplemente manejaron el partido con experiencia y aprovecharon que el
Wolfsburgo sufrió de pánico escénico. Quien sí pasará a la historia es Cristiano Ronaldo, que marcó tres goles y presionó hasta el último segundo. En el campo, fue el gran líder del Real Madrid, tirando siempre del equipo y motivando a sus compañeros. El martes vimos su mejor faceta.
Sólo uno de sus goles fue fruto de una jugada colectiva: el resto tuvo
que ver con su inventiva e inmenso talento. Es el goleador histórico de
la competencia de clubes más importante del mundo y la gran estrella que
le da esperanzas al Madrid, que es Ronaldo y diez más, con el respeto
que se merecen los otros jugadores de la plantilla.
6. El Wolfsburgo no se tuvo fe
Al frente, el Madrid se encontró con un
equipo sin fe, que no terminó de procesar la gran victoria que
consiguió la semana anterior y que esperaba lo peor. Se vio desde el
inicio del partido, con el Bernabéu que rugía y el cuadro blanco que
jugaba con paciencia y tesón. Los alemanes casi no crearon
ocasiones y, cuando a los 17’ ya habían encajado dos goles, estaba claro
que la cosa iba a acabar como terminó. La lesión de Draxler,
su figura, terminó de aniquilar anímicamente al cuadro de Hecking que, a
pesar de su eliminación, tiene que sentirse orgulloso de haber forzado
una remontada del gigante blanco.
7. No estaba para experimentos
Zlatan se quejó, después de la
eliminación frente al City, del sistema improvisado que planteó Blanc en
Manchester, con tres defensores atrás incluyendo a Aurier, que es
lateral. Y quedó claro que en cuartos de final de Champions hacer
experimentos puede costar muy caro. Decíamos que Luis Enrique pudo haber
realizado variantes ante el Atlético y que fue muy conservador en ese
sentido. Pues Blanc se fue al otro extremo. Es cierto que tenía
ausencias que le obligaban a replantear –sobre todo las de Verratti y
Matuidi- sus ideas, pero el equipo se vio extremadamente desordenado y sin ideas. Si Zlatan, el más veterano del vestuario, se quejó, es que quizás no fue el mejor día para inventos. Lo pagó caro el PSG.
8. Regalo de despedida
Manuel Pellegrini es el típico técnico
que, como el chofer de un bus que se estrella, sólo ocupa portadas
cuando le va mal. Suele pasar desapercibido cuando sus equipos juegan
bien, cuando ganan, cuando gustan. El triunfo del City sobre el
PSG es un premio a uno de los mejores y más serios entrenadores del
mundo, que se despedirá del Etihad haciendo historia: es la
primera vez que el cuadro celeste llega a las semis de Champions. Es
cierto que su equipo ha tenido altas y bajas a lo largo de los tres años
que lleva al mando, pero siempre ha mantenido una idea: jugar el balón a ras de piso y atacar siempre.
El chileno se merecía llegar a estas instancias y no tendría que
sorprendernos que el próximo curso entrene a otro gigante de Europa,
porque el ingeniero tiene la capacidad y el currículum para hacerlo.
9. El Bayern no es un monstruo
Por más que para muchos es el gran favorito para llevarse la Champions –sobre todo tras la eliminación del Barça-, el
Bayern ha demostrado que no está demasiados peldaños por encima del
resto de equipos grandes de Europa. Y tampoco de los no tan grandes.
Sufrió muchísimo para deshacerse de la Juventus y no lo pasó bien ante
el Benfica, una institución con un presupuesto risible comparado al de
los gigantes bávaros. Sólo consiguió empatar en Lisboa y ganar por la
mínima en el Allianz, sin impresionar como lo había hecho en la fase de
grupos y en algunos momentos de octavos.
10. La Champions no le quedó grande
Una de las gratas sorpresas de la
competición fue el Benfica. No se lo puso nada fácil a un Bayern que a
priori lo superaba en todo y estuvo cerca de dar el batacazo. Rui Vitória ha armado un equipo extremadamente sólido y ordenado,
como comentó Guardiola tras el triunfo de su equipo. Gaitán es cada vez
mejor, pero también cuenta con jugadores para el futuro como Renato
Sanches, a quien siguen todos los grandes del continente. El equipo que
lidera la clasificación en Portugal amenaza con volver el próximo año
más curtido y con más confianza.
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